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No pasemos de largo



Hace pocos días, cuando hacía mi pequeña caminata diaria, -por aquello de hacer algo de ejercicio-, encontré a un señor que buscaba restos de comida en un contenedor de la basura.

A pocos metros de aquella escena había un barrendero haciendo sus labores de limpieza. Aminoré mi paso y me fijé en el señor que buscaba comida. No tenía mal aspecto. Cuando pensamos en alguien que pasa hambre o necesidad, injustamente lo asociamos a marginación, delincuencia, droga… Y no se nos ocurre pensar que hay muchos tipos de necesidades, que cualquiera se puede ver desprovisto de lo más básico de la noche a la mañana y que por los hijos, por las personas a las que se quiere, por AMOR, se está dispuesto a hurgar, incluso, en un contenedor de basura por si hubiera algo que llevar a casa.

En televisión nos enseñan, no pocas veces, esta realidad. Sin embargo, no siempre nos hacemos cargo de lo cerca que puede estar ocurriendo lo que vemos a través de una pantalla que, nos da por pensar, erróneamente, son cosas que nos quedan muy lejos.

Casualmente, unos días antes, habían hablado en la televisión local de la labor que realizan los voluntarios, la cruz roja y otras personas que, de forma desinteresada, se dedican a llevar comida por las noches a mucha gente que anda por la calle, sin tener que comer y dónde dormir.

Y eso me motivó a acercarme a éste señor y a preguntarle si podía ayudarle en algo.

- No se preocupe, señora, no va a alcanzar al contenedor y puede mancharse, me dijo.
- ¿Busca usted comida?, le pregunté.
-A veces hay quien tira bandejas de alimentos con dos o tres días de caducidad, como máximo, y a mí me viene bien para llevarlo a casa, porque está la cosa bastante mal.

Llevaba algunas monedas en el bolsillo y le dije que las aceptara, no como una limosna, pero tal vez pudiera servirle para algo. Para mi sorpresa a éste señor se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijo que iba a comprar pan porque hacía tiempo que no comían pan del día.

El barrendero, que ya se había acercado realizando su faena y, también, por qué no decirlo, algo picado por la curiosidad, sacó de una pequeña mochila que iba sujeta al carrito de la limpieza, dos latas de refresco y un par de bocadillos y, conmovido por lo que decía este hombre, se lo dio.

Le indiqué que más adelante podía encontrar una panadería en la que probablemente tendría pan recién hecho.

Nos contó que se había quedado en paro, que la empresa en la que trabajaba se había ido a pique y estaban a punto de embargarle su casa, que no había tenido empleo fijo y, por lo tanto, el desempleo ya se le había terminado, que habían tirado de los ahorros hasta que ya no hubo más, que está harto de buscar trabajo pero no lo tiene nada fácil, sobre todo por su edad y lo único que le preocupaba era salir adelante y tener para darle de comer a su familia.

Se me vino el tiempo encima y no pude terminar mi caminata, sin embargo, es la primera vez en mi vida que he sentido haber realizado el ejercicio más saludable que nunca pudiera haber imaginado. (Creo que esto también es un modo de hacer el camino del Rocío)

Hay un slogan conocido que dice: “quien mueve las piernas, mueve el corazón”, yo os puedo garantizar que el corazón se me movió a mil por hora y que Dios, ese día, me mostró la Eucaristía en cuerpo y alma.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es