El Pastorcito y la Virgen del Rocío: Amigos que nunca fallan



Cuando la gente se aburre no cabe duda que buscan alternativas que les haga sentirse mejor. Unas veces son muy acertadas, otras no hacen sino abrir cicatrices sin sentido sobre la propia piel.

Me sorprende que entre amigos, esos que se han considerado amigos de verdad, surjan desavenencias por tonterías. Es lo que tiene la vida, sí; pero ¿merece la pena estar quejándose continuamente de todo o de todos?: “Este no me llama, esta no viene, aquel me ha mirado raro, el otro ya no es conmigo como antes, ha ido a ver a otros y no ha venido a verme a mí, desde que se casó ha cambiado completamente, no hace más que distanciarse”… Y la lista podría seguir y seguir y seguir extendiéndose con frases que casi todos han usado alguna vez en momentos de confusión.

Que no habrá quien se libre de haberse llevado un buen palo en este aspecto, probablemente, y duele, claro que sí. Pero más doloroso es todavía engordar los pensamientos sin dar pasos en pro de soluciones y hacerlo, además, sin ir directamente a la persona con la que no quisieras vivir situaciones parecidas.

Si un amigo es de verdad no te da quejas día sí y día no. No se aprovecha de lo que sabe de ti o de tu familia para hablar con otros de lo que le confiaste. No se pasa la vida reprochándote lo que dejaste de hacer; disfruta con lo mucho o lo poco que hagas. Gana con sólo un segundo de tu presencia.

La amistad no te obliga a dar cuenta de todo lo que haces, de adónde vas, de con quién estás, de qué has hablado, ni de los planes que tienes para ahora o para después, porque poner en práctica estas exigencias viola el derecho a la privacidad y la libertad del amigo.

Es triste que alguien deba justificarse ante un amigo porque se tenga la sensación amarga en el corazón de que se hubiera hecho algo malo si no se dio cita detallada de las notas de tu agenda.

La Virgen del Rocío está aguardando continuamente nuestra llegada y cuando llegamos nunca nos dice: “estuviste de vacaciones más lejos y no te acercaste aquí”. Ella, simplemente, pone en su rostro la sonrisa más sincera que se haya visto nunca, nos escucha y, amorosamente, deposita en nuestros corazones la paz para que nos liberemos del desasosiego de cosas que tienen la importancia que nosotros queramos darle.

Qué maravillosa verdad es que Cristo y María son los Amigos que nunca fallan.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es