Un rociero en el día del Señor



Cuando te reúnes con los amigos se te va el tiempo sin darte cuenta.
No hace mucho, en una tertulia de las que surgen espontáneamente, hablando del Rocío salió el tema generalizado de la Iglesia y terminamos centrando las opiniones en ir o no a Misa.

Uno de los comentarios fue que las Hermandades del Rocío celebran sabatina una vez al mes y que, por lo menos ese día los rocieros van. Casi daba por hecho que un rociero no asiste a Misa el resto de los días del año en los que la celebración de la Eucaristía es de precepto: Domingos y fiestas de guardar.

Parece como si ser rociero te disculpara de realizar ciertas obligaciones, cuando tendría que ser justamente lo contrario.

El rociero no puede olvidar que es cristiano y, además, que ese cristianismo lo vive como hijo filial de la Iglesia Católica. No sirven expresiones tales como “soy rociero, pero no creo en la Iglesia”, “soy rociero, pero yo veo a la Virgen y ya está”, “soy rociero, pero paso de los curas”, “soy rociero, pero yo a Misa no voy”, “soy rociero, pero a mi manera”…

Si realmente estos son los sentimientos que afloran en los que se consideran rocieros, es porque algo no está en orden; faltan piezas indispensables para completar la vivencia del Rocío porque está claro que no se está viviendo del todo.

Un rociero, un cristiano del rebaño de la Virgen del Rocío, es consciente de su pertenencia a la Iglesia y, desde dentro, tiene que ayudar para que se siga construyendo día a día. Se sentiría vacío si sólo se alimentara de los cultos que se realizan en la Romería porque sabe que Dios sigue actuando diariamente en el corazón de la persona y se sirve de la Eucaristía y de la Oración para desarrollar su obra. Un rociero que no siente necesidad de alimentar el alma no es rociero. Podrá incluirse en los que gustan del agradable ambiente que se vive en El Rocío, -como lugar concreto que lleva ese nombre-, podrá sentirse integrante del círculo que acude a la Aldea para quedarse con la parte más externa de la fiesta: cantar, bailar, comer y beber; Pero no nos engañemos ni permitamos que otros puedan tener dudas de lo que realmente es la vivencia rociera: una cosa es vivir unos días en el Rocío y otra muy distinta vivir diariamente el Rocío, sentirlo y llevarlo a la vida con palabras y con hechos.

Cada domingo es día del Señor, día de precepto para todos: para el rociero, para el cofrade, para todos los cristianos.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es