Solo pienso en Ella




Despierto cada mañana con esta cuenta atrás imparable que tiene su meta en Pentecostés, siempre Pentecostés en mis pensamientos y en mi corazón, cita irrenunciable con la Virgen del Rocío.

Y en la cuenta de cada día, en el despojo de las hojas del calendario, voy recordando momentos y vivencias del Rocío, de las que mi vida está llena. Instantes que perduran para siempre, personas con las que he compartido risas, lágrimas, cantes, procesiones…

La nostalgia se ha apoderado de mí en estos días y no hago ningún esfuerzo por apartar los pensamientos que tengo, porque están todos tan llenos de la Virgen que a pesar de que he de batallar con nudos en la garganta, con lágrimas casi al borde de los ojos, finalmente terminan por inundarme de paz y de agradecimiento sin fin.

No sé cuándo podremos vivir, del modo al que estamos acostumbrados, una nueva romería del Rocío, pero lo que sí sé es que Ella es la dueña de este tiempo de espera, porque ocupa cada minuto de cada jornada, en el hogar, en el trabajo y en todo lo que hago.

Solo pienso en Ella. Y la pienso mirándonos, escudriñándonos por dentro, rescatando lo mejor de nosotros, restaurando las grietas de nuestro barro, reconfortándonos la vida, fortaleciendo nuestra fe, curándonos las heridas, sacándonos de las corrientes que nos apartan de Dios, salvándonos del peligro y refrescando nuestros recuerdos, repasando junto a nosotros todo lo que hemos vivido.

Solo pienso en Ella, sí. Y a Ella le doy gracias por tanto como me ha dado, como me da y como me dará.

En Ella y con Ella están mis pensamientos y mi corazón, latiendo al ritmo de días que pasan acercándonos cada vez más a su fiesta grande, la fiesta de todos los cristianos, la de Pentecostés, donde las promesas se cumplen y el fervor se desata, donde la esperanza crece y el amor se derrama sobre toda la tierra.

Y un día, cuando Dios quiera, volveremos a echarnos a los caminos para llevarle a la Virgen riadas de alegrías, y la explosión de júbilo de una acción de gracias que durará de generación en generación, porque la historia seguirá hablando de cómo la Virgen del Rocío ayudó a liberarnos del yugo de la pandemia del siglo XXI.

Ahora, mientras tanto, mientras seguimos enredados en llevar la cuenta, hasta que llegue el momento de repartirnos por los caminos que conducen al Rocío, sigamos preparando nuestro equipaje, quitándole el peso de lo innecesario y llenándolo, solamente, de todo lo que es valioso a los ojos de Dios, que eso es lo que vale ante nuestra Madre bendita.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es