Andalucía




Llega el veintiocho de febrero y Andalucía vuelve a celebrar su día. Un día marcado por concesión de medallas y nombramientos de hijos predilectos, por ser festivo y, este año, además, por celebrarse en medio de una situación caótica de pandemia de la que, quiera Dios, muy pronto podamos levantar cabeza.

Me gusta este día, porque me gusta mi tierra y porque la tierra también es digna de ser celebrada.

Pocas tierras como Andalucía se sienten más orgullosas de su idiosincrasia y de estar perfectamente integradas en el mapa de España. Pocas tierras tienen tan asumida su historia, como la cosechada por las ochos provincias de esta región que la hace única e irrepetible, por más que se quieran imitar sus tradiciones y costumbres en otras comunidades.

No tendría yo editoriales en todo un año para destacar de Andalucía todas sus bondades, su cultura, su papel imponente en distintas ramas de la ciencia, la economía, la literatura, ni para resaltar su riqueza espiritual, profundamente enraizada en su historia y en su forma de ser y de estar.

En las benditas manos de la Virgen del Rocío, pongo la tierra en la que vi la luz por vez primera, en la que también Ella ilumina a tantas almas llegadas de sitios distintos a sus plantas, al paraíso andaluz de Doñana, en el que su amor Reina para repartirse desde la provincia de Huelva.

Que Ella bendiga a todos los andaluces, que haga que nuestra tierra sea fértil y fecunda como su Rocío de cada mañana. Que Ella, que es faro y guía de los corazones que confían en su infalible mediación, haga prosperar el trabajo, derrame la paz en cada hogar y cada familia, sea salud para todos los enfermos, llegue con su manto a los que se sienten desprotegidos, libere a los que sufren cualquier tipo de atadura, y conceda su gracia a raudales para que seamos portadores de la auténtica alegría.

Feliz día de Andalucía a todos los andaluces y a todos los que, sin haber nacido en ella, la llevan en su corazón.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es