Ultimando detalles antes de la Semana Santa




Muchas personas se encuentran ultimando detalles de cara a la Semana Santa.

Todo forma parte de un ritual, aunque este año la pandemia nos lleve a vivir circunstancias tan distintas y tengamos que hacerlo volviendo nuestros ojos hacia el alma.

Aquellas que vestirán su túnica de nazareno o penitente, repasarán minuciosamente saya, capa, antifaz… Revisarán si hay algún hilo suelto, las mandarán limpiar y, luego, se le dará un planchado casi solemne, para tenerlo todo a punto cuando toque vestirse con ese hábito de la penitencia.

Los costaleros y cargadores también prestarán atención a su costal, su molía, su cincho, su bacalao… Ensayarán una y otra vez y tantas como sean necesarias.

Todo tiene que estar dispuesto para acompañar a Jesús y a María. Todo debe estar listo. Nada puede quedarse en el tintero y, por eso, cada año, se vive esa especie de ritual, que nos lleva a fijarnos en las cosas más simples que, para los cofrades, se convierten en las más grandes.

Pero la cuaresma, los previos a la Semana Santa, no son tan solo para los cofrades. También los rocieros tenemos que tenerlo todo a punto, porque la cuaresma es un tiempo de conversión al que estamos invitados todos los cristianos.

Me atrevo a afirmar que los rocieros deberíamos andar este camino con las mismas ganas con las que andamos el camino de la romería. Porque si no hay desierto, no hay conversión. Si no hay intención de conversión, nos alejamos del Pastorcito Divino. Si nos alejamos del Pastorcito Divino, estamos también apartando de nuestro lado a la Virgen del Rocío.

Por eso es necesario que los rocieros revisemos también nuestras prendas, que hilvanemos, minuciosamente, nuestros corazones y dejemos algún ojal abierto para que entre la gracia divina y redentora.

Hacer lo que agrada a la Virgen del Rocío puede ser un buen ejercicio para lo que resta de cuaresma y para nuestro proceso de conversión.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es