Tiempo para vivir desde adentro




Este tiempo litúrgico, para vivir desde adentro, es una oportunidad única que podemos aprovechar para que se lleve a cabo en nosotros ese cambio que siempre deseamos pero para el que nunca damos ningún paso. O damos pasos, pero retrocedemos más de lo que andamos. O programamos darlos, pero algo nos bloquea y solo se queda en buenas intenciones.

Sí, amigos lectores. Estamos en tiempo de conversión. Más que nunca. Porque tal y como pinta el panorama se necesitan obreros del Evangelio convencidos y convertidos, transformados en luz de la Luz de Dios; con entusiasmo, con ganas de darlo todo por difundir un mensaje que sigue igual de vivo que hace veintiún siglos.

Estamos en camino hacia la perfección, y eso quiere decir que no somos perfectos y que, así y todo, Dios nos quiere con locura.

Si no vivimos desde adentro no servimos mucho para vivir desde afuera, donde solo prevalece lo superfluo y lo que se desvanece con un soplido. Lo de afuera es carcasa, chapa, caparazón… Pero adentro es donde se esconde nuestra verdadera identidad.

Si nos identificamos como rocieros, tienen que aflorar los sentimientos que mueven a los que dicen ser devotos de la imagen de la Virgen del Rocío. En Ella tenemos el manual de la perfección, las pautas para avanzar sin miedo a caernos, porque siempre llegarán sus manos para levantarnos de las caídas, para sacudirnos de los golpes, para curar nuestros rasguños, para vendarnos las heridas y para ayudarnos a avanzar con su ayuda.

Sin duda es un tiempo para frenar las prisas, desacelerar el ritmo de nuestras mentes inquietas, ordenar a las voces interiores que guarden silencio para escuchar a la única voz que calma a todos los corazones y abrirnos a su acción poderosa de transformar lo que creíamos que no tenía remedio.

No importa si quisiste empezar el miércoles de ceniza y fallaste a la primera. Si lo intentaste dos o tres días después y volviste a tropezar con tu inseguridad y tu poca fuerza de voluntad. Dios sabe de todo eso, porque nadie te conoce como Él. Tú, simplemente, ponte en sus manos y ve de la mano de la Virgen. Su Rocío no te abandonará. Ella sabrá reconducir tus pasos, indicarte el camino, llevarte hasta su Hijo y darte la luz que necesitas para que veas con claridad que tu transformación es posible, que solo tienes que estar dispuesto a dejar que Dios actúe en ti. Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es