¿Tanto nos cuesta confiar? ¿No veis que la Virgen nos escucha?




Parece que somos rápidos en quejarnos y criticar y lentos, muy lentos, en elogiar y alabar los éxitos de los demás, los logros ajenos, incluso cuando estos logros son para beneficio de todos.

Al principio de esta locura de pandemia, no dábamos crédito a lo que estaba pasando ni sospechábamos lo que estaba por venir. Y llevamos un año sufriendo los estragos del COVID19, que se ha convertido, -por desgracia-, en uno más entre nosotros.

Oraciones, súplicas, plegarias, peticiones a puñados… Todas iban encaminadas, primero a pedir por los enfermos y por el alma de los que habían fallecido por esta causa, y segundo para rogar a Dios, por la intercesión de la Virgen del Rocío, que muy pronto nuestros científicos encontraran la vacuna que remediara tanto dolor y sufrimiento por ésta enfermedad.

Hemos despedido el 2.020 con la anhelada vacuna, cuyas primeras dosis ya se están repartiendo, primero entre las personas que están en situaciones de mayor riesgo y, así, poco a poco, seguirán llegando a un mayor número de población, escalonadamente, siempre respetando el orden de prioridades entre los más vulnerables.

Qué poco hemos aplaudido a nuestros científicos, a todas esas personas que han trabajado a deshoras para conseguir lo antes posible la vacuna. En lugar de alegrarnos, de agradecer la hazaña, en la que se han unido los mejores del mundo, ahora nos quejamos de la rapidez de su llegada. Y todavía hay quien se plantea si se la pondrá o no, por la celeridad con la que se ha conseguido.

¿Tanto nos cuesta confiar?
Tendríamos que estar muy agradecidos a Dios por haber escuchado nuestras súplicas, a la Virgen por haber enviado todo un Rocío de luz a los investigadores que le han plantado cara al COVID, y que a un ritmo vertiginoso, haciendo de sus laboratorios sus casas, no han parado hasta conseguirlo.

¿No veis que la Virgen nos escucha?
¿Qué puñetas nos hace falta para que despertemos de una vez y seamos más empáticos, generosos, agradecidos…?
¿No creéis que con todo lo que está ocurriendo en el mundo, es el momento de dejar a un lado críticas y conjeturas, bandos e incitaciones a la violencia, al miedo, a más incertidumbre de la que ya hay?

Desde luego, qué grande es Dios con nosotros queriéndonos como nos quiere, a pesar de todo. Qué inmenso es el amor de la Virgen que sigue cuidándonos sin prestar atención a nuestra miseria humana.

Ojalá seamos más responsables y coherentes con lo que decimos creer y lo que luego hacemos.

Yo solo puedo dar gracias a la Virgen del Rocío, por la fuerza de tu intercesión y al Señor por habernos escuchado.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es