Para qué sirve el año jubilar rociero




Los beneficios de un año jubilar son siempre incontables, porque todas las gracias que de su celebración se reciben se deben al júbilo de una relación más íntima y cercana con Dios.

Estamos celebrando el segundo año jubilar en la historia del Rocío. El primero fue hace siete años, con motivo del bicentenario del Rocío chico. El actual tiene como base la conmemoración del centenario de la coronación canónica de la Virgen del Rocío.

Es el deseo de la Hermandad Matriz de Almonte, y no me cabe la más mínima duda de que no escatimarán esfuerzos para ello, perpetuarlo cada siete años con motivo de los traslados de Nuestra Señora del Rocío desde su Santuario a su pueblo.



Los requisitos son sencillos: Peregrinar al Templo, sea el Santuario del Rocío o la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en el que se encuentra la imagen de la Virgen, Patrona de Almonte, confesarse, recibir la comunión, orar ante la Virgen y rogar por las intenciones del Papa.

Es, por tanto, un año, un tiempo de gracia, en el que la reconciliación toma un papel relevante porque la misericordia que a Dios se le suplica de manera especial, Dios la concede de su corazón indulgente y lo hace, además, siendo la Virgen el trampolín entre Él y sus hijos.

Pero aprovechar este tiempo de gracia debería ser un antes y un después para los rocieros, para su vida cristiana, porque puede ser el comienzo de una nueva etapa para evolucionar en el perdón, no solo de palabra, sino de hecho. Podría ser el momento para acercar posturas con familiares, amigos, compañeros, con los que hubo desacuerdos que terminaron por separarlos en lugar de unirlos. Quizá es el tiempo de poner en marcha esa bondad que llevamos en el corazón, pero que por culpa de nuestro orgullo no dejamos que asome por miedo a sentirnos heridos o vernos débiles ante los demás.



El júbilo, la alegría, solo es posible cuando se tiene paz en el corazón. No se encuentra en ningún otro bien. Si hay cosas que no te hacen sentir en paz, haz por cambiarlas, no tengas el mínimo reparo en ser tú quien dé el primer paso.

Un año jubilar es un acontecimiento sin precedentes, por eso también deben ser todo un acontecimiento los pasos que nosotros demos para beneficiarnos desde lo más profundo de nuestro ser de la misericordia que el Señor quiere derramar sobre nosotros.

Que no pase como si no hubiera pasado, que pase barriendo aquello que se ha acumulado y nos parece una montaña imposible de subir. Que sacuda nuestras vidas como un vendaval de bienaventuranzas y los ojos misericordiosos de la Virgen del Rocío nos den la luz para que nos sintamos salvados.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es