Rocieros de la Virgen



Cuando se abarca el tema de lo que se supone es ser rociero salen a flote excesivos matices que, bajo mi punto de vista, son añadidura a lo esencial.

Ser Rociero es, como resaltan las sevillanas, ser cristiano. A partir de ahí es indudable que conlleva un amor incondicional a la Santísima Virgen y una devoción especial a su advocación de Rocío que fortalecemos cuando contemplamos la imagen de la Patrona de Almonte.

Hacer el camino es importante, pero no porque se haga por las arenas. Hacer el camino es la síntesis de la condición diaria de peregrinos, pues cada día es un peregrinar constante hacia Dios, que es nuestra meta.

Hay mucha confusión en lo que a ser rociero se refiere. Te encuentras a aquellos que hacen del camino de la romería la parte imprescindible para poder alcanzar la denominación de “rociero”. Viven afanados en la preparación de ese camino como si fuera lo único que mereciera la pena. Te encuentras incluso con los que, una vez llegados a la Aldea, ya piensan que todo ha terminado y sólo esperan la vuelta.

Pero no nos dejemos engañar. Ser rociero no es ser “caminero”, como me apuntaba un día un gran amigo mío, almonteño, y con las ideas bien claras.

Ser rociero es ser de la Virgen, haciendo que la relación con Ella nos conduzca directamente al centro del corazón de su Hijo, para que su Hijo nos enseñe a relacionarnos con Dios Padre y a alimentarnos de su Espíritu para actuar como a Dios le gustaría que actuásemos.

El rociero no sueña con el camino día tras día. El rociero sueña con la Virgen a cada segundo y si el camino no termina con un encuentro fuerte con Ella, es porque estás dándole prioridad a lo efímero, superficial y material, pero no a lo de dentro, que es donde un rociero tiene que caminar.

Me llama la atención cuando los rocieros –no todos-, se diferencian del resto diciendo: “soy rociero de camino”. Yo no sé si mi respuesta será más acertada, pero lo que tengo claro es que a mí, si el camino no me lleva a la Virgen, no lo quiero andar, porque aspiro cada día a ser simplemente rociera de la Virgen del Rocío y espero que todos lleguemos a serlo plenamente.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es