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Leyenda de la aparición según este humilde rociero

En la lejanía del tiempo antiguo, cuando aún la virginidad de los espesos y frondosos bosques de Doñana y Lomo del Grullo solo osaban violarla el puerco, el venado y las demás bestias y alimañas de la zona. Siendo estas, impracticables a las humanas plantas, tal cual relata en sus histórico códices El Rey cristiano Alfonso el Onceno, hallábase en las inmediaciones de aquella zona, una ermita donde era venerada por cazadores, pastores, arrieros, carboneros, guerreros y toda clase de viajeros que por allí pasaban, el más hermoso simulacro de María Santísima de las Rocinas, que ya por aquel entonces en los tibios atardeceres y en las claras mañanas de Doñana, peinaba coqueta sus negros tirabuzones mirándose en el arroyo de la Madre cuyo azogue quedó quebrado por los siglos de los siglos al reflejar su Divino Rostro, atesorando tan bella estampa para coronarla como Reina de aquellas inmensas marismas almonteñas, Virgen del Rocío y Blanca Paloma.

Más tarde, tras un silencioso periodo en el que la grandiosidad del templo y la solemnidad de los cultos, para preservarla del infiel, (que Dios perdone), hubieron de ser sustituidos, el uno por la inmensidad del cielo andaluz y los otros por la alegre sinfonía de los trinos de las cientos de aves que allí anidan. Un hombre de las vecinas tierras de Mures, que bien cazaba o apacentaba sus ganados en aquel entorno, observó como los perros ladraban enloquecidos al pié de la vieja chueca de un centenario fresno, acercose allí y debrocando el monte bajo que lo rodeaba, entre zarzas y espinas encontró intacto el más puro Lirio, la Zarza Mística a quién hace referencia en tantas ocasiones las Sagradas Escrituras.

Allí mismo la adoró el cazador manriqueño. Quedando extasiado por tan misterioso hallazgo, reconociendo en su conciencia la Divina presencia de la Madre de Dios, corrió al vecino pueblo de Almonte, a cuyo término municipal pertenecen aquellas tierras, contando las buenas nuevas de la aparición en el lugar de los sotos que llaman de las Rocinas, de María Santísima. Construyéndose allí una ermita de diez varas de largo donde es venerada desde entonces por los comarcanos, trascendiendo sus fronteras y su amparo a todos los lugares donde el acervo popular por nuestros románticos gustos y costumbres en torno a la Madre de Dios, se hace fervor y devoción a María Santísima del Rocío.

Por que Dios quiso la Virgen
apareció en la Rocina,
una mañana de mayo
el “Lirio” entre las espinas
se apareció al cazador
en el tronco de una encina.
Cual no sería el asombro
del cazador manriqueño,
¿por que razón aquél hombre
no se la llevó a su pueblo,
sino que al pueblo de Almonte
corrió a contar el evento?.
¿Es tal vez que en otro sitio
al cazador no creyeron?,
o es que la Virgen Bendita
quiso ser Reina de Almonte
y Reina de Andalucía
escogiendo para vivir
esas inmensas marismas,
donde se aúnan las fuerzas
pa quererte, Madre mía.
Donde se abrazan los pueblos
gritando mil veces! ¡VIVA!
Donde el sitio del rencor
lo ocupa tu amor, María.
es por llenar más de amor
las siempre manos vacías.

Resumiendo, esta sevillanita que compuse inspirada en una muy antigua

Oí cantá una sevillana
que de una porfía hablaba,
Villamanrique y Almonte
la Virgen se disputaba.

Que se la lleven
los que tengan mas fuerza
que se la lleven,
que la Blanca Paloma
guía a los bueyes.

Viva la Virgen del Rocío. Que viva la Madre de Dios.