Principios rocieros

En este sábado, ofrecemos a nuestros lectores un artículo, como siempre seleccionado por nuestro colaborador don Antonio Díaz de la Serna, que fue escrito en una publicación de la época “Revista Romería del Rocío”, del año 1.935, por Manuel Siurot.

Si siguen las cosas así antes de poco toda España será rociera; ¡gracias a Dios!. Córdoba, Hinojos y Bonares son Hermandades nuevas este año. A mí, que voy al Rocío desde niño, esta marea creciente de la devoción a la Virgen y esta exaltación de los pueblos hacia la gran Romería me llena de gozo. Saludo cariñoso a los nuevos hermanos.

El crecimiento de la multitud que asiste cada vez más numerosa e imponente al Rocío, me sugiere la necesidad de decir a la masa inmensa que allí se reúne que es preciso que todos sean fieles guardadores de las costumbres rocieras, siendo cada uno un campeón de la pureza de la fiesta. El Rocío tiene que ser siempre el Rocío. Si lo hiciéramos degenerar, la Virgen nos echaría de allí. Como la muchedumbre de romeros crece de un modo increíble, hay que procurar por cuantos medios están al alcance de cada uno que la cantidad no perjudique de ninguna manera a la calidad de la fiesta. El año pasado hubo en la Romería más de treinta mil personas y aquello fue todo clásico, todo puro. Este año será cincuenta mil, y ocurrirá lo mismo, para lo cual se recomienda a todos los rocieros de las cuatro provincias, Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba, la consideración de los siguientes principios en que se funda la parte que pudiéramos llamar externa de nuestra Romería:



Primero. En el Rocío no se bailan más que sevillanas. El que intente siquiera bailar el agarrado será visto como un mal rociero y fracasará en su empeño. La Blanca Paloma no quiere que en su fiesta el hombre toque a la mujer con las manos. Las sevillanas o seguidillas son un monumento de la gracia, de la alegría y de la limpia honestidad. Ese el baile que la Virgen quiere allí.

Segundo. Recuerden todos que el Rocío no es una juerga, sino una Romería popular, alegre y honesta. Las mujeres de juerga no caben allí. No deben, no pueden ir; no lo intentarán; no lo intentaron nunca.

Tercero. La porción más importante de la gran masa rociera la constituyen las familias. Es, pues, de desear que se siga extendiendo ese espíritu de fraternal convivencia, según el cual todos se desviven por obsequiar a los demás. No cabe duda que el sentimiento generoso y fraterno del Rocío es una nota que debe, no sólo conservarse, sino ampliarse con cariño. En el Rocío los hombres son más hermanos de los hombres.

He querido hacer estas indicaciones, no porque abrigue el más leve temor de que pierda carácter la Romería, sino para proclamar los principios rocieros ante las grandes multitudes que han de ir este año.

¡Viva la Virgen del Rocío! – M. SIUROT