No podemos servir a Dios y al dinero

Artículo del Sacerdote Juan Carlos López Martín, para periodicorociero.es

Queridos hermanos:

Estamos viviendo en frase de la santa madre Teresa de Jesús “tiempos recios”. Se respira con frecuencia en nuestras conversaciones.

Pidamos a nuestra reina y madre del Rocío, que nos conceda de sus celestiales manos, vivir nuestro ser iglesia y poder arrancar esas hierbas que nacen en nuestra vida.

Uno de los grandes males de este mundo ha sido la codicia del dinero. Estamos en crisis decimos, pero la verdadera crisis del mundo en que vivimos, es la falta de fe, hemos confiado en nosotros y en el poder del dinero, que hemos construido un mundo vacío y sin Dios.



A veces echamos la culpa a los gobernantes, que con sus leyes en contra de Dios, pero nosotros podemos preguntarnos ¿Qué clase de cristianos somos? Cuando buscamos nuestro dios en el dinero, sólo en tener más y más, el problema es que nos hemos esforzado en tener, tenemos de todo pero nos falta lo principal, a Dios. “Quien a Dios tiene nada le falta “(Santa Teresa De Jesús).

Es lo que le falta al mundo, sobra el dinero y falta el amor de Dios, que lo llena todo, lo transciende y da sentido a nuestra vida además de hacernos felices. Si buscamos a Dios lo encontraremos, tendremos el verdadero tesoro, a Dios, y viviremos y seremos felices.
Consecuencia de lo anterior es la confianza en nosotros, nuestro poder económico, social… Hemos echado a Dios de la escuela, de los hospitales, de las familias. “Dios se da a sí, a los que lo dejan todo por Él. Así el alma unida a Dios se diviniza de tal manera que llega a pensar a desear y obrar conforme a Jesucristo” (Santa Teresa De Jesús).



El papa Benedicto XVI en nos recordaba que la avidez del dinero provoca violencia, prevaricación y muerte y por ello durante la Iglesia invita a la conversión del hombre para que se libere de su egoísmo y del instinto de dominio sobre los demás y se abra a la caridad.

Nos decía el Papa que nos hace una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad del hombre para acoger la Gracia que libera del pecado.

Aprendamos a ponernos en las manos de Dios, con la oración de Carlos de Foucauld:



“Padre, Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que fuere, por ello te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo.
Lo acepto todo, con tal de que se cumpla tu voluntad en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te encomiendo mi alma,
te la entrego con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tú eres mi Padre.”

Que nos consiga la verdadera conversión nuestra madre del Rocío.

Juan Carlos López Martín
Párroco de Méntrida y Arcipreste de Escalona