El bando de los cristianos: el Amor

Artículo para periodicorociero.es (Periódico Digital Rociero), del Sacerdote Juan Alberto Ramírez Avilés.

El amor es la clave y la síntesis de toda la vida cristiana. Sin amor la misma vida humana, obra magna de la creación, deja de tener la impronta de lo sublime y sobrenatural para convertirse en algo tan pobre como un mundo sin primavera.

El V capítulo del evangelio de Mateo nos ofrecen a Cristo como el "nuevo Moisés", legislador y plenitud de toda la Ley. A lo que está mandado en la antigüedad se antepone la perfección de la novedad evangélica, ni se arrasa la ley sino que se la supera...



El amor que es esencial expresión de unión entre los que se aprecian, llega hasta la "locura" de hacerse también nuestra repuesta para los que nos odian.

Este mensaje de Jesús de Nazareth es un órdago a la visión "humana" de las relaciones. El Cristiano es un tipo diferente, es alguien que está dispuesto a dar amor hasta a aquellos que solo nos propinan odio.

El término "Santidad" que nos propone la primera lectura de hoy, en el libro de la Ley por antonomasia para Israel que es el levítico ha sido redefinida en el Vaticano II como "perfección en el amor".
La santidad a la que aspira el cristiano no es otra que vivir el amor en su más perfecta expresión.



Todos los que tenemos la dicha de ser rocieros sabemos lo que es llamar y que nos llamen "hermanos", nuestra hermandad va mas allá del "compadreo", es una fraternidad que nace del amor como máxima de vida o como norma de conducta. En las arenas no hay título ni blasón, no hay amigos ni enemigos... Hay hermanos en camino. San Pablo, en numerosas citas nos interpela con algo muy nuestro: "¿No sabéis que el Espíritu Santo habita en vosotros, que sois Templos de Dios?". La Blanca Paloma Pentescostal que en el argento paso de la Señora es vitoreada reiterativamente en nuestra Romería, vive con su nido dentro de nuestro corazón, ungiendo con su Rocío de gracia nuestras relaciones, haciendo desde ese templo interior que es nuestra alma que el amor sea siempre la expresión de nuestra vida.



Hoy, donde el abuso del término amor genera tanta decepción, hemos de abogar por el genuino amor cristiano, el que llega hasta el abrazo al enemigo, hasta el Perdón de aquellos que nos insultan o maldicen o tiñen con nuestra sangre sus manos.

Hoy resulta apasionante nuestra vocación de cristianos ser como nos pedía -el muy pronto deseado beato-, nuestro Papa Rociero, Juan Pablo II, "constructores de la Civilización del amor". Frente a los radicalismos violentos de otras religiones que quieren imponer su asesina piedad, frente al relativismo que nos impide conocer el bien y amar la bondad. Frente a la cultura laica y violenta que atenta contra la vida de los no nacidos y del viejo "ojo por ojo y diente por diente". Frente a la sociedad de la crispación y de la división de nuevo en bandos de izquierdas o derechas, católicos y laicos, fumadores o no fumadores, familia o nuevas uniones... Los cristianos solo tenemos un bando: el amor que reconcilia, el amor que perdona, el amor que es la esencia de todo lo que somos y esperamos.



Que la Señora de las Rocinas, Madre del Amor hermoso, nos haga llamarnos rocieros y cristianos no por una medalla al cuello...sino por lo que de verdad nos amamos.

Juan Alberto Ramírez Avilés. Pbro.